Es fácil recordar datos cuantitativos como nombres de picos, altitudes, desniveles, orientaciones, acotaciones geográficas, coordenadas GPS, grados de dificultad en diferentes escalas ... nos sobran mediciones y este blog es sólo para guardar pequeños detalles que sirvan para pulsar el nodo neuronal que dispara en nuestro cerebro evocaciones, recuerdos, sensaciones, sugerencias y demás impresiones cualitativas

2014-01-08

Morca (2283 mts) por corredor helado (PD+/45º)

El macizo del Moncayo siempre sorprende en invierno. Sus laderas apacibles del verano se transforman en duras pendientes de nieve que el cierzo, soplando a 100 Km/h, transforma en flechas, plumas y agujas de hielo. A esto se une un frío intenso y frecuente niebla para combinar el cóctel perfecto que obliga cada invierno a que los servicios de rescate hagan horas extras. 
Este último domingo de Diciembre el día está soleado, aunque muy muy frío; encontramos la pista asfaltada desde San Martín limpia de nieve, pero a partir del penúltimo aparcamiento está cerrada y tenemos que recorrerla haciendo equilibrios sobre el hielo, pues ya sería demasiado ponernos aquí los crampones que, a partir del Santuario, afortunadamente son imprescindibles porque así impiden el paso a los que no van bien equipados, que son muchos (raquetas, trineos ...)
Comenzamos a subir por el camino normal que conduce al pico principal o de San Miguel desviándonos casi al principio por la senda señalizada al collado Bellido. Nuestro objetivo de hoy no es, como en otras ocasiones, la vía del Cucharón a la cumbre del Moncayo, sino los corredores del circo de Morca. Comenzamos a caminar por el bosque, intuyendo la senda oculta por la nieve y la ausencia de huella y a los 40 o 50 minutos, atravesado por completo el circo de San Gaudioso, nos encontramos en las primeras laderas del amplio circo de Morca.
Al fondo se vislumbra la zona de los corredores central, este y oeste de Morca, conocidos a través de alguna reseña en internet. Nosotros vamos a explorar por los primeros que aparecen al llegar al circo. No tenemos reseñas ni opinión, pero parecen fáciles.
Y vistos desde aquí, parecen tener muy poca inclinación. Elegimos el que está a la izquierda de las rocas centrales, comenzamos a subir hacia la base entre canchales de una extinta morrena, pronto caminamos sobre la nieve helada, tan dura que los crampones apenas dejan marcas, no nos extraña no haber encontrado ninguna huella.
El silencio es brutal y la sensación de soledad gratificante, después de alejarnos del bullicio turístico del Santuario.

Acercándonos a las rocas centrales, los trozos de hielo que van cayendo hacen que caminemos con precaución y que nos alegremos de llevar casco. Pensábamos en una posible caída nuestra o de alguna piedra, pero no esperábamos la de trozos de hielo como piedras que caen pegando botes.
Ya dentro del corredor aumenta la inclinación, pero la sensación de seguridad es fuerte pues tanto crampones como piolet clavan muy bien.
El corredor tendrá una pendiente de 40º que va aumentando sin darnos cuenta porque tampoco es frecuente mirar para abajo mientras subimos, pero al hacerlo nos descubrimos en medio de un tobogán helado, fácil pero expuesto. Una caída no detenida en los primeros metros nos llevaría volando hasta Borja, con una cara como para hacerle la competencia al famoso Ecce Homo. 
El corredor, como veríamos más tarde, tiene unos 200 metros de alto, alcanza los 45º y, cuando la pendiente cede, quedan otros 100 metros más hasta la cumbre de Morca.
El corredor se va ensanchando, lo mismo que nuestras diferencias de criterio, Quique prefiere ir en diagonal a la izquierda y yo me siento más seguro trepando en mixto por algunas rocas cubiertas de hielo hacia la derecha. Cuando nos damos cuenta de nuestro alejamiento se acentúa la sensación de 'soledad acompañada' que es algo inquietante pues cada uno teme que resbale el otro.






Al cabo de los 200 mts estamos más altos que el collado, al que no es necesario llegar porque subimos directos a la cumbre. Tras el collado vemos un mar de nubes que cubre las tierras de Soria.
Muy cerca de la cumbre nos alcanza el viento de lleno. Atrás vemos la amplia cima de Lobera y  bajo nuestros pies una superficie surrealista de flechas de cristal heladas, modeladas por el cierzo y tan duras que los crampones apenas se clavan. 
Cima de Morca. Sol, mucho viento y frío, muchísimo frio. Unas pocas fotos y seguimos el cordal al Norte buscando el descenso por la ruta normal.
Durante unos breves minutos, aparece repentinamente la niebla, hoy no ha faltado de nada, pero el viento intenso enseguida se la lleva.
La orientación es sencilla pero no hay ninguna huella. Un poste señalizador con flecha que indica el descenso de la normal, está cubierto de hielo. Lo limpiamos como podemos a golpe de piolet para hacerlo minimamente visible.
Y con la vista del Moncayo al fondo, nos dejamos bajar con cierta lasitud casi en línea recta en dirección a los bosques cercanos al santuario. Una vez allí, encontramos de casualidad mesa en la Hospedería, pues está llena y no llevábamos comida. Huevos fritos, longanizas y cerveza. En la mesa de atrás, Juanito Oiarzábal, con cara de pocos amigos, no ha conseguido subir con con esquís. El Moncayo no es el K2, pero tiene sus peculiaridades y lo volverá a intentar unos días más tarde.
Al día siguiente veremos en las noticias un accidente descendiendo del Cucharón y es que el Moncayo, insisto, tiene sus peculiaridades.

29 Diciembre 2013. Quique, Rafa.
Temas relacionados